La cara que nadie enseña

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Empecé en 2008

Llevo años sin aparecer casi en ningún lado. Si estás leyendo esto probablemente ni te acuerdes bien de quién soy, y lo entiendo. Llevo tiempo queriendo escribir esto. No es una excusa ni un ajuste de cuentas con nadie. Es contar lo que viví y lo que vi, de una vez, y seguir adelante con la conciencia tranquila.

Empecé a hacer contenido desde 2008. Sí, desde ahí, cuando esto ni siquiera tenía la forma que tiene ahora. Llevo más años en esto de los que muchos de los que hoy son «los grandes» tienen de estar vivos activamente en el medio.

Y en todo ese tiempo vi de cerca algo que muy pocos se atreven a contar: la distancia enorme entre lo que un creador muestra en cámara y lo que realmente vive detrás.

Lo que nadie enseña

Todos conocemos la versión pulida. La vida perfecta, el viaje, el outfit, la fiesta, la marca que patrocina, la sonrisa constante.

Lo que casi nadie enseña es lo de atrás. Gente viviendo con 15 roomies en un departamento sin espacio para respirar, solo por poder decir que viven en la colonia correcta de la CDMX y sostener la imagen. Gente que recurre a sugars para pagar las cuentas que el contenido no alcanza a cubrir, mientras en redes proyecta independencia total.

También vi cosas más oscuras. Cosas de las que no me siento orgulloso de haber sido testigo. Situaciones que cruzaban líneas que ya no tienen que ver con «la imagen», sino con decisiones que a mí, personalmente, me hicieron alejarme por completo de ese ambiente.

Lo que viví directamente

No fue solo lo que vi de lejos. También fue lo que me pasó a mí.

Tuve una relación que se rompió en medio de chismes que ni siquiera eran ciertos. Me enteré por terceros antes que por la persona misma. También perdí a quien consideré uno de mis mejores amigos por años, y que resulta que hablaba de mí a mis espaldas todo ese tiempo.

Hubo gente que se acercó solo mientras les convenía, para aprender algo, para conocer a alguien, para lo que fuera, y que en cuanto ya no les servía simplemente desapareció. Y estuvo ese círculo entero, del que fui parte por mucho tiempo, que prefirió inventar cosas sobre mí antes que quedar mal con quien realmente tenía el poder ahí adentro.

Por qué desaparecí

Yo intenté hacer una sola cosa bien en todo ese tiempo: no meterme en pedos, no inventar dramas, no fingir una vida que no tenía, no lastimar a alguien más para crecer. Traté de ser, dentro de todo lo que este medio permite, una buena persona.

Y aprendí algo que me costó mucho digerir: aquí eso no se premia. Lo que genera atención es el escándalo, la pelea, la controversia, la imagen impecable aunque sea mentira. Portarte bien casi nunca se nota. Se da por hecho, hasta que un día ya no estás y ni cuenta se dan.

Como yo siempre he sido de las personas que no saben fingir ni suavizar las cosas, tampoco supe jugar el juego social de quedar bien con todos mientras esto pasaba. Me alejé. No de a poquito, de golpe. Dejé de ir a eventos, dejé de contestar mensajes, dejé de aparecer. Años así.

Lo que también perdí: la música

Y aquí va la parte que más me cuesta admitir: ese alejamiento también me costó la música.

Llevo años componiendo, grabando, sacando canciones que casi nadie ha escuchado, porque promover lo que hago significaba volver a acercarme al medio de las redes sociales del que me había alejado. Preferí quedarme callado, con un catálogo entero guardado, antes que regresar a un ambiente que ya me había hecho daño. Así de fuerte fue el miedo.

Terapia y lo que sí tengo hoy

Durante ese tiempo hice lo que probablemente debí haber hecho antes: fui a terapia. En serio, no como frase hecha.

Me tomó tiempo, pero hoy tengo una relación de tres años con alguien que quiero muchísimo, y un grupo de amigos que no tiene absolutamente nada que ver con ese medio. Gente que me quiere por quien soy y no por lo que les puedo dar. Eso vale más que cualquier reconocimiento público que haya perdido en el camino.

Pero también extraño lo que construí. Extraño crear, extraño la música, extraño ese lugar que me costó años ganarme y que sentí que se esfumó mientras yo estaba ocupado sobreviviendo todo lo demás.

Y esa es la razón real de por qué escribo esto: porque ya no quiero seguir escondido nada más porque tengo miedo de lo que ya pasó. Desaparecer no arregló nada. Solo pausó el reloj, y pausó la música también.

De vuelta, en mis términos

Así que aquí estoy, de vuelta, con DangerMUSIC, con canciones nuevas en camino, mostrando la cara otra vez en lugares donde antes me daba miedo aparecer.

No vengo a arreglar cuentas con nadie ni a señalar a quien sea que lea esto y se sienta aludido. Vengo a contar lo que viví y lo que vi, porque creo que alguien tenía que hacerlo. Y vengo a recuperar, poco a poco, el espacio que en algún momento me gané a pulso.

Voy a volver a ese medio, pero en mis propios términos esta vez, sin pedirle permiso a nadie ni acomodarme a lo que se espera de mí. A quien no le parezca, pues es su pedo.

Me caí, sí. Pero me levanté, me sacudí el polvo, y sigo aquí.

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